“Las últimas horas del General”

En el marco de la próxima visita del Embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar a Michoacán, con el fin de dialogar con el gobierno estatal por el embargo que se le impuso al aguacate en fechas recientes, y pedir las garantías se seguridad para los inspectores sanitarios (fueron retenidos en la localidad de Aranza de manera casuística por un paro de elementos de la Guardia Civil estatal), este artículo se remonta a las últimas horas del ex Secretario de Seguridad Pública, el General José Alfredo Ortega Reyes, a quien se le inculpa de recortes salariales que originaron las protestas de los policías.

En lo que fue su última entrevista horas antes de ser destituido como secretario de la SSP, Estrellita Fuentes (periodista independiente de Michoacán) dialogó con él. El gobernador nombró este viernes 21 de junio a un civil como nuevo secretario, sin avisarle al General, mandándolo de comisión a Apatzingán, uno de los territorios más calientes del estado. Este movimiento político plantea severas dudas, y refuerza la idea de un complot, que escaló a tal nivel, originando pérdidas millonarias por el bloqueo al aguacate, tanto a los empresarios michoacanos como a los norteamericanos.

El artículo presenta una mirada alterna, a la narrativa que cuenta oficialmente el gobierno del estado…

Conocí al General José Alfredo Ortega Reyes (hasta este viernes 21 de junio de 2024, secretario de Seguridad Pública en Michoacán), en febrero de 2023, después de varios intentos de conseguir entrevista para mi plataforma independiente, hasta que lo logré. Ese día concertamos que me permitiría llevar sólo a mi fotógrafo, y me recibió en su oficina de la Secretaría, después de pasar por varios filtros de seguridad. Cuando entré escaneé el lugar: muebles de caoba, la bandera nacional, medallas, y un tablero de ajedrez en la mesita de la sala. Nada fastuoso; nada ostentoso. Elegí la mesa de la sala de juntas, para poder apoyarme y tomar mis notas en mi libreta. Estaba él muy tenso, yo también, pero decidí fluir con la entrevista, como lo he hecho con varios personajes más. En esa ocasión, lo abordé por el plano de lo humano:

 

Originario de Comonfort, Guanajuato, el sexto de 12 hermanos, quedó huérfano de padre a los seis años. Su madre siguió estudiando, y a los diez años comenzó a trabajar en una carpintería, combinando sus estudios elementales. La secundaria la terminó en el estado de Morelos, pero se le presentó la disyuntiva al concluir la secundaria de entrar a trabajar en la mecánica con su padrastro, o elegir hacer carrera militar. Optó por lo segundo, dado que no había muchos recursos económicos y más opciones. Inició en las escuelas militares, y se orientó por Comunicaciones, hasta que llegó a General.

 

“Fui llamado en un concurso, en una selección, y propuesto para desempeñar este honroso cargo, el cual lo he asumido con un infinito respeto al pueblo de Michoacán, y como el mayor en mi trabajo, en mi carrera y en mi vida: el de ser secretario de Seguridad Pública, pero lo he asumido con mucha seriedad, con mucho profesionalismo, porque creo que es lo que Michoacán se merece”, declaró durante mi entrevista en aquel entonces (febrero de 2023).

 

Ha sido un militar con alta especialidad en Inteligencia. Después de salir de la Escuela Superior de Guerra, lo asignaron a la Escuela de Inteligencia, en donde estuvo tres años como Coordinador Académico de Inteligencia; y ya cuando egresó de la Maestría en Seguridad Nacional, lo asignan a la sección de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, que es la Sección Segunda, como Jefe de la Unidad de Análisis. Lo ascendieron como General, y posteriormente lo regresan como Director de la Escuela de Inteligencia. A los dos años lo vuelven a llamar al Estado Mayor, ahora sí como Jefe de la Unidad de Inteligencia.

 

Un personaje que en esa primera entrevista percibí mesurado y serio, y que calculaba cada palabra que me decía, pero a la vez muy amigable. En un par de almuerzos que me invitó en su oficina (a puerta abierta, como lo hizo con varios periodistas) constaté lo cuidadoso que era en su régimen, basado en proteínas y verduras. Comida sencilla, nada fastuosa, y sin vino. Por eso cuando en estos días del escándalo por los paros de los elementos de la Guardia Civil en Michoacán, se viralizó un video de que supuestamente los trabajadores de la SSP le confiscaron una camioneta cargada con alimentos. Pero el detalle que me llamó la atención en el video fue que, al descargar las viandas no eran de “lujo”, y se observaban cantidades industriales, como para abastecer a un comedor de trabajadores, y no para un General que comía tan magro.

 

Después de mis primeras entrevistas perdí contacto con él durante meses. Noté distancia. Quizás por el hecho de ser periodista. Sin embargo, me parece una buena persona, bien intencionada y que sabe mucho más de lo que habla.

 

Sólo lo monitoreaba en los medios y le seguía la pista. Siempre en carretera, en territorio. Pero cuando con mis colegas nos referíamos a las estadísticas, éstas no bajaban: Michoacán estuvo oscilando entre los cinco y siete primeros lugares en homicidios y homicidios dolosos, pero ello ocurría desde sexenios atrás. El General Ortega encontró un C5 derruido, un staff ya incrustado al que no pudo remover, más que a algunos pocos elementos, y siempre bajo la autorización del Gobernador del estado Alfredo Ramírez Bedolla, entre ellas Marcelina Ávalos Villa, quien laboraba en el C5 y acosaba y extorsionaba a elementos del personal. Tengo testimonios de ello.

 

Pero de acuerdo con fuentes consultadas, con quien el General no pudo de plano fue con la delegada administrativa María Luisa Ruíz Vargas, y con el Subsecretario de Operaciones José Ortega Silva, por ser aparentemente gente del gobernador. De hecho, el general me llegó a comentar que la delegada lo traía tan recortado de presupuesto, que hasta lo hizo dar vueltas para un reembolso de gastos y viáticos que él había erogado de su bolsillo, y decidió desistir. Ello me hizo pensar en el poder que tendría Luisa Ruiz como para ponerse a ese nivel con el General Ortega.

 

También me refieren que, a Ortega Silva, lo formó Carlos Gómez Arrieta ex subsecretario de Seguridad Pública de Michoacán, quien renunció al cargo un día después de que fue difundido el video en el que aparece en un interrogatorio que le hizo a un detenido por el caso Ayotzinapa, mientras era torturado por policías, y que estuvo en la cárcel. Se rumora que Ortega lo ha mantenido con escoltas, así como a diversos empresarios que mantienen escoltas privadas adscritas a la SSP con cargo al erario público.

 

Cuando en los últimos días vi la escalada del conflicto por el reclamo de los recortes al personal de la Secretaría, al punto de detener la exportación del aguacate y el mango michoacanos, dadas las movilizaciones de los elementos que casuísticamente detuvieron en la fila de coches en Aranza a dos inspectores norteamericanos, y las acusaciones de que a las secretarias que eran las “novias” del General, ganaban 35,000 pesos mensuales, deduje que en realidad se trataba entre otras cosas, de un “fuego amigo”.

 

A las 8:30 de la mañana de este viernes 21, pocas horas antes de que nos enteráramos de su destitución como Secretario, el gobernador Bedolla lo había comisionado a Apatzingán, uno de los puntos más calientes del estado, tuve una reunión con él. Me tocó al llegar al lugar de la cita, ver al imponente convoy con el que viajaría, todos armados hasta los dientes. El pacto era una entrevista de media hora, que en realidad duró hora y media. Yo sabía que tenía que aprovechar y obtener toda la información que me fuera posible, porque quizás sería la última vez que lo vería en ese puesto. – Se lo quieren chingar mi General -, le dije cuando iniciamos la charla, que no se trataba de entrevista, pero que, dado el cambio tan abrupto de los hechos, acabó siéndola. -Lo sé, y ya estoy cansado. Me confesó-.

 

Y empecé con mi batería de preguntas:

 

– Platíqueme del recorte al personal. ¿Cómo estuvo? -, pregunté.

– Yo establecí un apoyo adicional de $5,000 pesos adicionales a mandos operativos y administrativos por los sueldos tan magros. Pero en marzo o abril, un día entró la delegada administrativa y me enseñó una circular firmada por la Secretaría de Finanzas, donde venía la instrucción del recorte. Se aplicó gradualmente en abril, que representaría unos 200 o 300 pesos, luego en mayo, otro más, hasta ahora en junio que fue cuando les dolió más. ¿Pero sabe usted quiénes están allá afuera, el grupo de 40 elementos protestando? Son quienes están sujetos a investigación por Asuntos Internos (algunos incluso por “nexos”, que se sobreentiende el término), o tienen licencias médicas, y a quienes he tratado de ayudar colocándolos en varios lugares, pero que simplemente no quieren trabajar-, me respondió.

– ¿Tiene copia usted de ese oficio? -, le pregunté.

– No, pero sé que existe-, me contestó.

– Pero si son 30 o 40 elementos los del paro, ¿cómo fue que tuvieron la capacidad de extenderse a diversos puntos del estado, como para hasta detener a los inspectores norteamericanos? -, cuestioné.

– Porque tenían el apoyo de un subsecretario-.

 

Eso me dio más elementos para entender lo que estaba ocurriendo. Al gobernador Bedolla le urgía hacer el enroque en la SSP, dado que el embajador norteamericano Ken Salazar muy probablemente visite Michoacán este lunes 24 de junio o en la semana, para tratar de destrabar las negociaciones, por presión deduzco, de los propios aguacateros que estaban con millonarias pérdidas, e incluso el personal de campo, a quien se les canceló el trabajo de la pizca. Y luego con las lluvias ya encima, la presión era en demasía.

 

– ¿Y lo van a convocar a la reunión del lunes con el embajador? – le pregunté.

– No lo sé -, me respondió.

– ¿Y no han hablado con el gobernador de este conflicto? –

– No, al ser el Gobernador el Mando supremo de la Guardia Civil, conforme al reglamento respectivo, atiende la problemática y me gira directivas para desplegar, actividad que siempre cumplo, desplegándome a donde se me instruye o donde la situación así lo requiera, presentándole un reporte diario de las acciones diarias de toda la secretaría – contestó.

 

Me saltó entonces la pregunta y se la hice sin filtros: – ¿Lo ha expuesto en términos de su integridad física? –, a lo cual, después de tomar una breve pausa, respiró y me respondió: – La exposición y riesgo es en todo lugar y tiempo, sin embargo, por mi cargo y comisión asignada, lo debo asumir como parte del actuar institucional…-

 

Y es que justo este conflicto se desató cuando acaba de pasar una elección presidencial en la que ganó MORENA casi todo el país, con la nueva presidenta electa, la Doctora Claudia Sheinbaum. Un timing perfecto para hacer el enroque, ya que a nivel federal se está moviendo la baraja de quién ocupará la titularidad de la SEDENA. El General Ortega, estaba en el momento preciso de tener una posición de lo más vulnerable.

 

Yo lancé una hipótesis provocativa (claro que, sin argumentos, porque sólo son lecturas de escenarios), a la que el general no me respondió. “A mí lo que me parece es que lo que está en disputa es Michoacán, como plaza, y me explico: se rumora que la federación tiene pacto con un grupo delincuencial, y aquí en lo local, le dejarán la plaza a otro grupo antagónico. Y usted es un estorbo. Quizás hasta se desdate más violencia, concluí”, pero el general se abstuvo de responderme.

 

Él veía nerviosamente el celular, y comprendí que tenía que tomar carretera ya.

 

Lo dejé ir, no sin antes prospectar a los candidatos que se suenan para la SEDENA.

 

– Ya no me pregunte más-, me dijo en medio de una carcajada.

– Oiga, y lo de sus galanas, ya mejor empiece por uniformarlas: faldas tres cuartos, y camisa blanca. Es cuestión de imagen-, sugerí.

– Que no son mis novias. Entienda. Tengo 65 años, y me la vivo en carretera. ¿A qué horas estaría con novias? -, me replicó.

– Bueno – le argumenté -, nomás haga el cálculo de 35,000 pesos multiplicado por el número de chavas que ganan ese sueldo, y el daño que le han hecho a usted en su imagen como militar de carrera. Aunque a mí como periodista me vale gorro su vida personal. Yo solo opino por lo que veo, y se percibe allá afuera-, le respondí.

 

Le sugerí algunos cambios en sus fotografías de redes sociales, pero llegué tarde, muy tarde.

 

Ayer al mediodía estuve convocada a la comida de cumpleaños que le organizaron los amigos del presidente de MORENA en Michoacán, Juan Pablo Celis, un personaje muy querido entre sus huestes (que es mi vecino de cuadra, por cierto). Una comida para 1,500 personas, pero solo con birria y refresco. En medio de la comida, a las 3 pm me enteré de la noticia de que el General Ortega había sido relevado del puesto, así sin avisarle, porque de inmediato chateé con él. Quizás sí se las olía. De hecho, fuentes cercanas me comentaron que el jueves estuvo en las oficinas del Secretariado del Sistema Estatal de Seguridad Pública (que por cierto traen fuertes auditorías internas), firmando documentos de último momento, y que revisó acuciosamente. Estoy segura de que, lo que no sabía era el cuándo y mucho menos los modos.

 

Y cuando salí de ahí, me surgieron más preguntas: – El gobernador Bedolla, ¿se fue por la libre con la SEDENA cuando él mismo pidió el mando militar en la SSP, o fue pactado con AMLO? ¿La corporación lo sabría y se lo ocultaron al general? ¿Si se fortalece a Ortega Silva, gana poder Arrieta y regresan a las viejas prácticas? -. Y peloteé estas preguntas con un polémico y afamado funcionario que vi en la comida, de quien sospecho será el próximo que estará al frente en esa Secretaría de Seguridad Pública estatal, ya que deduzco que el nombramiento actual quizás es temporal, a menos que la Dra. Sheinbaum y la SEDENA decidan un rumbo diferente.

 

Este personaje (de quien me reservo su nombre a razones de seguridad), me alegó: – ¡A ustedes los medios les gusta magnificarlo todo! – (siempre suele regañarme, y ello es parte de su personalidad). – ¿Por qué tendría que avisarle el gobernador, si es el gobernador? -, me cuestionó. – ¿Y la SEDENA? ¿No tendrá factura esta decisión? – le cuestioné. -A ver… a AMLO le vale Michoacán; además ya va de salida-, respondió. ¿Y por qué no tuvieron la gentileza de avisarle al General? -, cuestioné. – Pues ni modo de que él no se hubiera dado cuenta teniendo a la corporación encima-, respondió. – Pero, ¿usted sí sabe cuál es el perfil de los manifestantes? ¿Sabe que hay un oficio de la Secretaría de Finanzas con la instrucción del recorte? -, insistí. El hombre abrió los ojos, y se me quedó mirando fijamente. Después, hizo mutis y se fundió entre las fotos de quienes insistían en retratarse con él, como si fuera la estrella del momento, más que el cumpleañero.

 

Me retiré discretamente de la fiesta a las 5 pm. Pero pasé toda la noche sin dormir dándole vueltas al asunto. ¿Y si hay un trasfondo más turbio detrás de este enroque, y ahora en Michoacán estamos más expuestos que nunca? ¿Cuál fue la urgencia de destituir al General? ¿Estará al tanto de todo el Embajador Salazar? Curiosamente, después de esta destitución, en los medios ahora se maneja que ya se está destrabando la negociación para la apertura paulatina del aguacate michoacano a territorio estadounidense.

 

Esa misma tarde me llegó un mensaje de un contacto del sindicato estatal más poderoso que trae de cabeza al gobernador Bedolla en estos momentos (asunto por el que se rumora que el trasfondo es un lío de faldas, pero en la Comisión Forestal), y con quienes el Ejecutivo Estatal no ha dado su brazo a torcer. Sin ser oficial, no están de acuerdo con el nombramiento de Juan Carlos Oceguera, el nuevo mando civil al frente de la SSP. Le quedan muy grandes los zapatos, opinan. Ya lo veremos.

 

Coincidentemente, ayer domingo 23 de junio, el gobernador michoacano Alfredo Ramírez Bedolla anunció el regreso de Carlos Torres Piña, al frente de la Secretaría General de Gobierno del estado, tras haber perdido la alcaldía de Morelia en esta última elección, representando a Morena, contra el alcalde reelecto Alfonso Martínez Alcázar, de la alianza PAN – PRD. ¿Por qué la prisa en hacer estos acomodos del General Ortega y de Torres Piña? ¿Y por qué en Campeche la gobernadora morenista Layda Sansores defendió a capa y a espada a su Secretaria de Seguridad Pública Marcela Muñoz (quien por cierto también tuvo su paso por Michoacán), y despidió a los elementos rijosos que exigían la destitución de la secretaria? ¿Por qué en Michoacán fue al revés?

 

Por lo pronto, la anécdota es que fui la única periodista que tuvo la oportunidad de charlar con el General Ortega, poquísimas horas antes de su destitución. Y si decidí hablar y exponer todo esto, es porque como en todas las historias hay varias aristas, y una de ellas es esta, y Michoacán sin duda, merece saber más.

 
 

Morelia, Michoacán, a 24 de junio de 2024.

 

NOTA: Mi agradecimiento por el apoyo moral al Mtro. José Alberto Guerrero Baena, analista político, así como para la verificación de datos.

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